jueves, 26 de mayo de 2011

Haber donado los órganos de Maxi significa que mi hijo vive en otras personas

10 de junio de 2010. Silvia Irigaray, Raúl Fritzsche
 (director del coro Kennedy) y Alejandro González
(INCUCAI) en un homenaje a donantes de órganos
en la Facultad de Medicina de la UBA.
Por Silvia Irigaray, mamá de Maxi Tasca*
silvia_irigaray@hotmail.com
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Para preparar la celebración del Día Nacional de la Donación de Órganos, que es el 30 de mayo, les comparto la inolvidable charla que mantuve hace un rato con Andy Kusnetzoff (vuelvo a darles las gracias a él y todo su equipo!) en FM Metro 91.5, de la Ciudad de Buenos Aires.
Como podrán leer en la nota que copio a continuación, fue una conversación muy profunda; tanto que, apenas terminó, me puse a llorar emocionada. Después de un rato y unos cuantos pañuelos, pude reponerme y decidí hacer este resumen.
Estoy segura de que a más de uno -incluso a los más duros- se le van a humedecer los ojos, espero que les guste...  
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FUENTE: Pronto.com.ar
ENLACE: www.pronto.com.ar/index.php?option=com_content&task=view&id=30211&Itemid=677
TÍTULO: “Donar me ayudó a seguir de pie”
BAJADA: Andy Kusnetzoff dialogó con Silvia Irigaray, Madre del Dolor, en su programa radial “Perros de la Calle”. El motivo central de la entrevista fue destacar la importancia de donar órganos. Silvia pudo hacerlo cuando atravesaba el peor momento de su vida, la pérdida de su hijo Maxi. ¡Imperdible!
DESARROLLO: El 30 de mayo es el día de la Donación de Órganos. Ante tal fecha, Andy le brindó su espacio a Silvia Irigaray para que cuente su historia y recuerde que donar salva vidas. Y eso es lo que hizo “La Madre del Dolor”, ante la pérdida física de su hijo.
“Quiero que todo el mundo hable de la donación de órganos (…) Todos estos años sobreviví hablando y haciendo cosas (…) Ni bien me enteré de lo de Maxi, llame al Incucai”, comenzó a narrar Silvia.
Luego, Irigaray recordó el día que Juan de Dios Velaztiqui, un policía retirado, le quitó la vida a Maximiliano Tasca y a dos amigos, Cristian y Adrián.
“Maxi está siempre revoloteando y viviendo en otras personas. En mi casa el tema de la donación de órganos se hablaba desde hace muchísimos años. Pero lo natural era que mamá y papá fuésemos los donantes. Pasaron muchos años y el 29 de diciembre de 2001, en un contexto donde los argentinos estábamos viviendo una violenta represión, un policía les dispara a sangre fría a tres jóvenes que estaban viendo televisión. Maxi opinó y el policía reaccionó mal ante el comentario y lo mató”.
Más distendida, agregó: “Esa es la parte dolorosa, después tuve la suerte de recordar que Maxi era donante e inmediatamente llamé al Incucai. Les pedí por favor que mi hijo siga viviendo, a través de la donación, y el accionar del incucai fue muy rápido”.
“Lo positivo de esta historia es que Maxi puedo ayudar con sus corneas y las válvulas del corazón. Él me ayudó a recordar que él era donante. Hoy, a 9 años y 5 meses de la noche trágica, digo que eso me ayudó a seguir de pie”.
“El tema hay que hablarlo en familia y antes de que aparezca una enfermedad. Hay que saber que hay familias en una espera angustiante de un órgano. Hay que dar. Hoy todos somos potenciales donantes, pero ojo, algún día podemos estar del otro lado y necesitar. Es bueno donar, no sirve de nada enterrar”, amplió Silvia.
“Gracias a la generosidad de Maxi, hay dos personas que recuperaron la visión. Él ayudó a dos personas a ver y a mí me hizo muy bien ayudar (…) Él tenía una enorme sonrisa y si yo hubiese podido también la hubiese donado”.
“La vida me hizo ayudar, pero nunca quise saber quienes recibieron las córneas. No podría ver a la persona que tiene los ojos de mi hijo, porque se me aflojarían las rodillas. Me faltó un cachito de coraje”.
Minutos más tarde, Silvia tomó valor y aceptó la idea de conocer a quienes ayudó su hijo: “Para todo hay un tiempo, hoy soy una mujer muy fuerte y estoy permanentemente con el dolor. Formo parte de la Asociación Madres del Dolor y eso me hace fuerte. Pongo primera y acepto conocer a esa persona”.
Para concluir, señaló: “No hay que ser egoísta y hay que dar”.
Silvia Irigaray, un ejemplo de lucha y de vida.
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*Maxi tenía 25 años cuando fue asesinado de un tiro por un policía uniformado, en el bar de una estación de servicio del barrio porteño de Floresta. Fue el 29 de diciembre de 2001. Las víctimas fatales, tres en total -porque igual destino que Maxi corrieron sus amigos Cristian Gómez, hijo de Elvira Torres, otra integrante de la Asociación, y Adrián Matassa-, se encontraban mirando las noticias por televisión. Juan De Dios Velaztiqui, autor de la masacre, fue condenado a cadena perpetua.

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