martes, 19 de julio de 2011

La mamá de Damián Morales pide justicia en los Tribunales de Lomas de Zamora

Damián Morales tenía 19 años cuando
fue atropellado y muerto por el remisero
Juan Carlos Avellaneda, en Monte Grande. 
Silvia Espinoza espera que declaren los testigos, para avanzar hacia un juicio oral. El adolescente fue atropellado y muerto a metros de su casa, por un remise conducido por Juan Carlos Avellaneda. El hecho ocurrió el 3 de marzo de 2009 en la localidad bonaerense de Monte Grande.
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Damián Morales tenía 19 años cuando murió tras ser atropellado por un remise, a metros de su casa, en la localidad de Monte Grande, partido bonaerense de Esteban
Echeverría.
Ocurrió el 3 de marzo de 2009, pero el adolescente quedó agonizante y expiró recién el día 20 de ese mes.
El acusado es el chofer Juan Carlos Avellaneda, actualmente de 65 años, que trabajaba para la remisería que queda a media cuadra del hogar de la víctima.
"Mi hijo trabajaba, estudiaba y sobre todo creia mucho en Dios", dice Silvia Espinoza, la mamá de Damián, que recibe contención y asesoramiento de la Asociación Civil Madres del Dolor.
"Quienes hemos perdido un hijo no encontramos nombre para tanta angustia", agrega.
Actualmente, su abogado, Cristian Tronchín, espera que convoquen a los testigos, para avanzar hacia un juicio oral.
La causa -que lleva el número 13.914- está a cargo del juez Javier Maffuccio Moore, de los Tribunales de Lomas de Zamora.
Silvia cuenta que Damián salió a las 20.30 para navegar en Internet.
Quería buscar información sobre un acorde de guitarra, algo habitual en él, porque la música era su principal distracción durante el tiempo libre que le dejaba su empleo en la cadena de hamburguesas McDonald's.
"Voy al locutorio de la otra cuadra, en 15 minutos vuelvo", dijo al salir.
Más tarde, preocupada porque su hijo se demoraba y porque llovía intensamente, la mamá lo llamó varias veces al teléfono celular, sin obtener respuesta.
Se habían hecho las 23.30 cuando, desperada, se acercó a averiguar a la remisería y le dijeron que alguien había sido atropellado.
Alrededor de la medianoche, encontró a Damián en el hospital municipal Santa Marina, inconciente, con un tremendo golpe en la cabeza -producto del impacto con el cordón cuneta- y una pierna fracturada.
Misteriosamente, le faltaba el teléfono celular, que nunca fue encontrado.
De inmediato, Damián fue trasladado a la clínica Loiácono, del barrio porteño de Belgrano -del gremio de los pasteleros, al que pertenecía-, donde, más de dos semanas
después, falleció.

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