jueves, 2 de junio de 2011

Una madre del dolor y la esperanza

Las integrantes de la Asociación Civil Madres del Dolor:
Nora Iglesias, Marta Canillas, Silvia Irigaray, Isabel
Yaconis, Viviam Perrone, Elvira Iglesias y Elsa Gómez.
Por Yasmin Reddig
Periodista, estudiante de Comunicación Social, Universidad Austral
yreddig@gmail.com
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En la Argentina se producen en promedio 22 muertes diarias por accidentes de tránsito. Viviam Perrone es la presidenta de Madres del Dolor y, desde que falleció su hijo en 2002, persigue el difícil objetivo de hacer justicia y disminuir estas cifras. Además, es voluntaria de Familias de Esperanza, por eso los fines de semana trabaja como madre de apoyo para chiquitos en situación de riesgo.
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Viviam tiene 50 años y vivió los primeros 12 en Estados Unidos junto a sus padres y hermanos. Terminó el secundario en la Argentina y cursó el profesorado de inglés. Hace 27 años da clases en el Colegio San Nicolás de Olivos.
Cuando sus hijos mayores, Kevin y Eric, tenían dos y tres años respectivamente, su padre se fue y nunca supieron nada mas de el.. Viviam trabajó mucho durante los años que siguieron para sacar adelante a su familia. Luego de un tiempo conoció a Carlos Gandolfi y tuvo a su tercera hija, Yael. Actualmente vive con Eric y Yael en una casa en Martínez repleta de fotos de sus hijos.
“Me encanta la docencia y mi sueño era poner algún día un instituto de inglés”, cuenta Viviam, pero su sueño no pudo concretarse. En la madrugada del 1º de mayo de 2002 su hijo de 14 años, Kevin Sedano, fue atropellado sobre la Avenida del Libertador. Eduardo Sukiassian, el joven de 20 años que conducía el auto acompañado por dos amigos, se dio a la fuga.
Ese día la vida de Viviam dio un vuelco. Kevin estuvo ocho días en coma mientras su madre, Carlos y toda su familia rezaban por un milagro. El 8 de mayo Kevin falleció y Viviam comenzó su larga lucha por hacer justicia: “Cuando le pasó esto a Kevin, me acuerdo que lloré, lloré, lloré  y un día me levanté y dije ‘o te morís con él, o te levantás y la luchás’”.
Desde el dolor de la pérdida de su hijo, decidió ayudar. En 2005, junto a otras cinco madres, fundó la Asociación Madres del Dolor. A través de esta organización sin fines de lucro, canalizó su dolor apoyando a otras familias que sufren la pérdida de sus seres queridos trágicamente.
Viviam ayuda a los familiares de las víctimas de muchas maneras, pero en palabras de Alicia Gentile, quien la conoce hace más de 20 años, es “una inspiración para otras madres además de que transmite calma y desarrolló un criterio para tomar decisiones muy acertadas”.
El juicio por el asesinato de Kevin recién se llevó a cabo los días 6, 7 y 8 de mayo de 2007. Se iba a llevar a cabo en el 2006 pero Carlos Gandolfi, el esposo de Viviam y padre adoptivo de Kevin y Eric, falleció una semana antes. “Él me decía que no iba a poder soportar el juicio. Yo le decía que se quedara afuera esperando”, recuerda Viviam, pero no pensó que su marido, de 50 años y profesor de educación física, moriría de un infarto en la calle. Debido a esto se cambió la fecha del juicio ya que era demasiado dolor para poder soportar.
Desde ese momento, Viviam tuvo que afrontar su lucha con más fuerza aún, pero siempre acompañada por sus padres, hermanos y amigos. Alicia es una de esas amigas que la ha acompañado en este largo proceso que aún no termina: “No dejo de admirarla, me sorprende su fortaleza”.
Durante el juicio, se tuvo que desmentir declaraciones falsas del abogado y los testigos presentados por Eduardo Sukiassián. Probar la verdad, la obligó a revivir todo lo que había ocurrido la noche en la que su hijo fue atropellado y abandonado.
Su hijo mayor, Eric, siempre había intentado detener a su madre argumentando que todo iba a quedar en la nada. Para su alivio, Viviam pudo demostrarle a su hijo lo contrario cuando Sukiassián fue declarado culpable por homicidio culposo y condenado a tres años de prisión. “Cuando vio que llegamos a juicio -explica Viviam-, cuando vio que recibio una sentencia efectiva, cuando vio que lo detuvieron, Eric tuvo otra esperanza de vida. Si la luchás, podés lograr algo”. Sin embargo, Sukiassián fue dejado en libertad sólo dos meses después.
Muchas veces surge el planteo de que la justicia hay que hacerla por mano propia, pero Viviam lo niega: “Yo sigo pensando que no, que a mí no me da paz salir a matar al que mató a mi hijo. A mí me daría paz que se termine este juicio de una vez por todas ya que hace nueve años que no tenemos Paz. Lo único que pedimos es que Sukiassián termine de cumplir con su sentencia”.

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