lunes, 13 de junio de 2011

"Madres del Dolor y Familias de Esperanza se unen en ayuda del más débil"

Viviam Perrone con el pequeño Agustín,
de la Asociación Familias de Esperanza.
La agenda diaria de Viviam Perrone es tan frondosa que sólo verla les provocaría un ataque de pánico a muchos funcionarios y empresarios de lo más encumbrados. Lejos de amilanarse, la presidente de la Asociación Madres del Dolor dedica los fines de semana a cuidar a niños en situación de riesgo de la Asociación Familias de Esperanza, donde trabaja como voluntaria.
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Es un cuaderno mediano, común, con tapas de cuero negro, siempre a punto de explotar.
Las hojas originales están llenas de anotaciones: horizontales, verticales y superpuestas; algunas son comprensibles; otras, verdaderos jeroglíficos.
Papeles y papelitos rebalsan por los costados, con listas interminables de tareas pendientes: los horarios de Yael (su hija de 14 años), los encargos de Eric (su hijo de 25), los remedios para el perro, las compras del supermercado, apuntes para sus clases de inglés, llamados telefónicos a familiares de víctimas, la reunión con el ministro tal, la entrevista con el periodista cual, el viaje a aquella provincia, la marcha en esta esquina porteña o en algún barrio del Gran Buenos Aires, arreglar la luz del auto, comprar el regalo para Cacho (su papá) que cumple años, o hacer un mandado para Elda (su mamá), que está con fiebre.
Sumando las horas que pasa diariamente frente a la computadora, atendiendo el teléfono o corrigiendo las pruebas que toma en el colegio secundario donde da clases, es difícil creer que pueda entrar algo más en la impenetrable espesura de esa agenda, tan frondosa que les provocaría un ataque de pánico a muchos funcionarios y empresarios de lo más encumbrados.
Cuesta creerlo, pero entra. Y cómo. Le invierte todo el fin de semana.
A Viviam Perrone (50), la hiperactiva presidente de la Asociación Madres del Dolor, se le dibuja una sonrisa contagiosa cuando cuenta que "sí, efectivamente", dedica los sábados y domingos a cuidar a niños en riesgo de la Asociación Familias Esperanza, donde trabaja como voluntaria.
"Madres del Dolor y Familias de Esperanza se unen en la ayuda del más débil", dice, mientras pasa las fotos que se sacó con Agustín, uno de los tantos niños que ha cuidado desde hace dos años y medio, cuando asumió el rol de madre de tránsito.
Para ese entonces, ya hacía varios veranos que lideraba Madres del Dolor, una institución creada en diciembre de 2004 por ella y otras mujeres que padecieron la muerte de sus hijos en diferentes hechos de violencia.
Kevin Sedano, el tercer hijo de Viviam, tenía 14 cuando fue atropellado y abandonado con heridas gravísimas el 1º de mayo de 2002 en el partido bonaerense de Vicente López.
Sucedió mientras el adolescente cruzaba a pie la avenida del Libertador, con la peor de las consecuencias, porque Kevin murió días más tarde.
El automovilista asesino, Eduardo Sukiassian, fue declarado culpable, pero no cumplió la pena de tres años de cárcel efectiva.
Por eso, nueve años después del homicidio, la causa sigue dando vueltas: actualmente está en la Corte Suprema de Justicia.
En el colmo de la tragedia, Carlos, el marido de Viviam, murió de un ataque al corazón pocos días antes del juicio en el que condenaron a Sukiassián.
"Como madres de tránsito no podemos adoptar a los chicos, sólo somos las cuidadoras", dice, llevando la entrevista a sus senderos iniciales y mirando instintivamente las fotos con Agustín.
Agrega que una ventaja es que ella vive en el partido bonaerense de San Isidro y Familias de Esperanza tiene su sede relativamente cerca, en el vecino Vicente López.
La Asociación Madres del Dolor, en cambio, le queda más lejos, en el centro porteño, a metros del Congreso de la Nación.
"Las familias de apoyo no podemos adoptar", aclara terminante.
Agrega que cuando asumió el rol de voluntaria tuvo que firmar un papel en el que aceptó entregar cada bebé o niño a la Asociación o al Juzgado en cuanto se lo piden.
"Mi deber es llevarlo, con todo el amor, hacia su familia definitiva", concluye la presidente de Madres del Dolor y señala la foto elegida para acompañar esta nota.
Los ojazos de Agustín miran al infinito con ganas de dormir una siesta mientras su mamá de tránsito lo tiene en brazos, observándolo risueña y de costado.
La imagen fue tomada el 21 de agosto de 2010 en los bosques del barrio porteño de Palermo, durante la inauguración del Paseo Marcela Brenda Iglesias, nombre que recuerda a la pequeña de seis años víctima fatal del desplome de una gigantesca estatua colocada ilegalmente.
"El caso está impune ¿entendés por qué no podemos parar?", dice Viviam Perrone.
Además de las fotos, sobre la mesa están su teléfono celular -que sonó varias veces durante la charla- y un cuaderno mediano, común, con tapas de cuero negro, a punto de explotar, con las hojas originales llenas de anotaciones.
Papeles y papelitos rebalsan por los costados, con listas interminables de tareas pendientes...
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El servicio de Familias de Esperanza empezó en 1994 cooperando con los Tribunales de San Isidro y recibiendo niños menores de dos años, en situación de riesgo u abandono. Poco a poco fueron incorporándose familias y siendo confiados más menores a nuestra Asociación extendiendo la edad de ingreso a 9 años. En 1996 se solicita el otorgamiento de Personería Jurídica obteniendo la misma el 20 de Junio de 1997, el 21 de Julio del 2000 se presenta ante el Ministerio del Interior la documentación necesaria para la inscripción en el Registro Nacional obligatorio de ONG obteniendo el número provisorio 655, el 20 de marzo de 2001 se obtiene la certificación de inscripción en el CENOC N° 7221.
Asimismo fue declarada Entidad de Bien Publico por Decreto nº 774 el 24 de febrero de 1997 Nº 513 en la Municipalidad de Vicente López, la Filial San Isidro por Decreto 870/99 Municipalidad San Isidro y la Filial Escobar 187/01.
A medida que fuimos creciendo se fueron incorporando, familias y equipo técnico para el seguimiento de los niños; se fue optimizando el área administrativa, desarrollando sistemas computarizados y la centralización de llamadas emergentes para luego ser derivadas al área correspondiente para su pronta resolución.
También viendo la problemática de grupos de hermanos, se abre en octubre de 1999 la primera casa convivencial Resguardo I y un año después se abre la segunda casa dada la gran demanda, Resguardo II, manteniendo el carisma fundacional.
Las reuniones periódicas de los grupos de trabajo, la interrelación con Asociaciones afines y la promoción de Mesas Redondas nos permiten encarar profesionalmente las distintas problemáticas que se nos presentan.
En la actualidad contamos con un promedio mensual de 50 a 60 niños derivados de distintos Organismos Provinciales, Nacionales o de la Ciudad de Buenos Aires.
El Consejo Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia nos convocó junto a otras cuatro Asociaciones dedicadas a la niñez para acompañarlos en el programa “Necesitamos Abrazos” lanzado en el mes de abril del 2001.
A partir del 2002 se reorganiza la Asociación abriendo un área específica para la convocatoria y evaluación de familias. Al finalizar este programa, la experiencia recibida nos lleva a ampliar el proyecto de trabajo incluyendo desarrollar un PROGRAMA DE ACOGIMIENTO FAMILIAR que permita a los niños ingresar a familias donde puedan crecer en un ambiente estable sin limite de tiempo.

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