sábado, 6 de noviembre de 2010

Cumplimos seis años acompañando a las víctimas y sus familiares

Nora Iglesias, Sonia Roldán (hija de Elvira Torre),
Silvia Irigaray y Elvira Torre. En mayo pasado, antes
de un acto en los tribunales de San Isidro.
FUENTE: Revista digital Voz Ciudadana (de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires)
FECHA: 1º de noviembre de 2010
AUTOR: Asociación Civil Madres del Dolor
CONTACTO: asociacionmadresdeldolor@yahoo.com.ar
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Agradecemos a los responsables de Voz Ciudadana por concedernos generosamente este espacio de expresión y, de antemano, a los lectores que dediquen su tiempo a leernos, respondernos y criticarnos -especialmente a los que se tomen el trabajo de criticarnos, porque nos ayudarán a crecer-.
Para presentarnos, les contamos que en diciembre será nuestro cumpleaños número seis como entidad formal, pero alguna de nosotras lleva una década y media de trabajo cívico. Todo empezó sin quererlo, trágicamente, como consecuencia de la muerte violenta de nuestros hijos en la primera infancia, la adolescencia o la plena juventud (encontrarán esas historias en nuestro sitio web oficial, http://www.madresdeldolor.org.ar/).
Frente a opciones negativas, como desesperarnos, deprimirnos o enojarnos, elegimos unirnos y salir a trabajar por una sociedad mejor, más justa y pacífica.
Particularmente, nos concentramos en acompañar a otros madres, padres, maridos, esposas, hermanos, hermanas, novios, novias, amigos y amigas del dolor. Y desde entonces no paramos.
Actualmente no pasa un solo día sin que nos convoquen a un acto de familiares de víctimas; donde sea, en alguna esquina de la Capital Federal, un barrio del Gran Buenos Aires o una pequeña ciudad de Tierra del Fuego. Poco a poco fuimos aprendiendo a convivir con nuestro dolor, que nos acompañará toda la vida, y a llevar a cabo esta tarea inmensa, inabarcable, que, lejos de acobardarnos, nos estimula. Porque la violencia se parece a un monstruo de mil cabezas que sólo en ocasiones actúa espectacularmente, lo habitual es que devore poco a poco a sus víctimas en circunstancias cotidianas, imperceptibles; como ocurre en las peores películas de terror.
El ejemplo más sangriento es el del tránsito, que, con 8 mil víctimas fatales por año, constituye la principal causa de muertes violentas en la Argentina. Son 22 vidas que se pierden por día, sin contar los más de 120 mil heridos anuales de distinto grado y miles de discapacitados.
A pesar de estos números, que hablan por sí solos, hay un enorme vacío legal e institucional en torno del problema. Desde hace años, la Asociación insiste -por ahora sin resultado- con un proyecto del abogado Claudio Mazaira -nuestro representante legal, cargo que ocupa ad honorem- para aumentar la pena del conductor que atropella y huye.
Entre las mil cabezas del monstruo de la violencia social también se destacan las adicciones, que son el combustible que provoca muchas tragedias evitables; empezando por los conductores alcoholizados y siguiendo con las drogas ilegales, que son causa y móvil de infinidad de crímenes.
La lista es infinita, pero podría continuar con los delitos sexuales, que incluyen la gigantesca red de trata de personas y las violaciones, entre tantas formas de abuso. En este punto, la Asociación propone crear un registro de datos genéticos para detener a los agresores, pero como de costumbre la única respuesta que ha recibido de parte de los diferentes poderes del Estado es el silencio.
Las integrantes de la Asociación Civil Madres del Dolor sentimos que nuestros hijos nos dejaron un legado, que es el de enfrentar a la violencia y la desidia para que otros no tengan una silla vacía en sus mesas.

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